divendres, 25 d’octubre del 2013

Casa de Arena

Esta temporada ha empezado algo floja (y tarde), pero aquí está:

Casa de Arena



Fuiste profeta en tu tierra,
Dándolo todo, te quedaste sin nada.
Perdiste tu rumbo en la niebla,
Volviste a tu casa de arena.
No hay Dios, no hay Suerte,
No hay Karma, no hay Fuente.
¿No hay nadie a quién culpar?
Lo dejaste todo atado
Y se ahogó sin poder escapar,
En aguas de costumbre calma.
Vuelves a ese mundo.
Te encierras, te estancas.
Preferiste la huida, a la pared y la espada.
¿Era una opción?
No, era una trampa.
Trampa estúpida y vaga.
Fuiste profeta en tu tierra,
Ahora estás sin palabras
Vagando por trampas de niebla.
Volviste a tu casa de arena:

Una costumbre estanca.

dimarts, 8 d’octubre del 2013


Nueva Temporada.


¡Pronto empezará la nueva temporada de poemas! He estado algo ocupado con la novela (Norte Hielo y Sangre) y los estudios, pero esto es algo que no puedo dejar a un lado.
Estaos atentos a las nuevas entradas.

¡Gracias por leer!

dilluns, 12 d’agost del 2013

La Hija de Nadie

La hija de nadie, por Enric L Agea.

La hija de nadie,
Ella avanza
Por la vida a su modo.
Mirando a su madre,
Vigilando no repetir
Los errores del pasado.
Con su pelo en llamas
Y su corazón helado.
Busca a alguien a quien amar.
O solamente, quizá,
Un abrazo en que morar.
-Estoy bien- dirá.
Pero le llora a los gatos.
Algo debe encerrar,
Su triste mirada.
Un muerto ¿verdad?
Su inocencia apuñalada.
En mundos de la noche,
Donde fue la presa,
De la bestia desalmada,
Que es la vida sin máscara.
¿Qué es la vida si no?
Ella lo sabe bien.
Por eso no encuentra a quién,
Regalar su confianza.
Algún iluso intentará,
Con bellas palabras ganársela.
Pero no lo logrará,
Ya partió una vez
El centro de su alma.
Lejos volará,
Cuando consiga sus alas.
Ángel caído,
Sin Dios, sin Dueño.
Intenta vivir el sueño
De una noche de verano
Cuando su vida es eterno invierno.
Poco a poco te sumirá
En su pequeño infierno.
De abrazos que flotan
En tormentas sin amor.
Solo ella se puede salvar
De su soledad autoinfligida,
De su tendencia autodestructiva.
Que hierva su corazón helado.

Distímia

Distímia, por Enric L. Agea

La temo.
La veo en mí.
Su tristeza en mi reflejo,
Sus suspiros en mi voz,
Su fallo en mi tropiezo.
Siento su miedo atroz.
La temo.
Acarreo con su herencia.
Ni su anillo en mi dedo,
Ni su broche en mi pecho.
Me legó la dolencia.
Me regaló la llave a la puerta,
Que abre un mundo de dolor.
Un mundo sin luz,
Un mundo sin color.
Dónde no importa el amor,
Solo importa la muerte.
Arrepentirme a cada paso,
Incapaz de sobreponerme.
Día Uno: Piensas.
Día Dos: Lloras
Día Tres: Esperas
Día Cuatro: Añoras.
Luego olvidas,
crees romper el ciclo
crees salir invicto.
Te bañas en sonrisas.
No puedes escapar.
La temo.
Me atrapa.
Vuelvo a empezar.

Sinsentido

Sinsentido, por E. L. Agea

Te miro sin saber
Si quiero estar ahí
Te miro sin querer
Saber si estoy allí.
Entre árboles de cristal,
Junglas de neones.
Tu cara sin faz,
Tu rostro en blanco.
Me agarro a este banco,
Indicativo de mi existencia
Río desde el fondo,
De este sinsentido.
Que esta risa te sirva,
Para verme divertido,
Cuando no lo soy.
Hablo de lo que no sé,
Mentiras sin sentido,
Que estas palabras te sirvan,
Para que pienses que he ido,
Dónde nunca voy.
Me agarro a este banco,
A tu rostro en blanco,
A este sinsentido,
Que me llevan a algo,
Que Yo, no sé…
Que Yo, no soy.

dijous, 8 d’agost del 2013

El Cuervo.

El cuervo.


Este pequeño escrito estaba perdido en una de mis antiguas libretas. Hace un tiempo me reencontré con él y he decidido publicarlo y compartirlo con vosotros. Perdonad la calidad, por suerte mi habilidad con la semántica ha ido avanzando con el tiempo. Es un homenaje a El Cuervo de E. Allan Poe, esta vez desde un punto de vista algo distinto.


El cuervo, por E. L. Agea

"Desperté yo alarmado, en una noche estival, sobre el regazo de mi amo, por un golpeteo lejano en la puerta de mi hogar.
       -Será un viajante perdido,
       que en el bosque debióse extraviar.
       Un pasante desfallecido,
       el hambre y la sed debiéronle acosar,
       que entre la bruma divisó nuestro hogar
       y buscando ayuda y cobijo,
       a nuestro portón ha debido llamar.-

Volé yo a la ventana, mirando al portal. Dirigí mis ojos,
       Pequeños tizones negros
       brillando a la luz del fuego,

mi mirada, al camino de tierra, voreado por pinaza. Del camino a la verja, barras de oscuro metal, siguiendo el jardín hasta el portón frontal.
¿Qué vieron mis ojos?
Oscuridad, solo eso,
Nada más.

Yace mi amo en la butaca, tranquilo no ha oído tan inquietante ruido, que la noche ha punzado como una estaca. Vuelvo a su regazo, duermo tranquilo, esperando el día en que mi dueño despierte, en que me observe con sigilo, como solía hacerme, con los ojos tras las lentes, brillando a la luz del fuego, como mis tizones negros.
      Pero sé que no lo hará,
      sé que no despertará.

No se levantará.
NUNCA MÁS."

17. Legado.

XVII. Legado

Aún, señor,
Si batalla, lucharé.
Si grita, lloraré.
Uno se acostumbra al dolor,
De no saber qué querer.
Dejarlo todo en manos
De quién no debes tener.
Esas fotos serán,
La lápida que me hunda.
Por mucho respeto que le infunda,
Debe usted clavarme
Esa última puñalada.
Pues no es mártir,
Quien no sufre por causa.
Y mártir quiero ser.
Busque otro sentido
A esta, mi absurda vida.
¿Lo ha encontrado?
No lo puede haber.
Pues esta es mi desdicha.
Del día ser pasante,
De la noche observador.
Pura estaca maldita,
De aquello que sea diversión.
No se vaya aún, señor,
Pues esto es un legado
Y le toca a usted ser portador
De esta amarga vida.
La del que el riesgo siempre evita,
La del que calla sin ser traidor.